domingo, 7 de noviembre de 2010

Walden... by Thoreau





Que maravilla Thoreau, cada vez que lo leo se vuelve más y más delicioso.

Qué inefable sentirme conectado con este personaje de hace 200 años... me gustaría poder decir "identificado", quisiera poder decir que comparto ese amor por la soledad eterna del hombre que lucha y vive por sus sueños, siendo conciente que nadie en este mundo lleno de trivialidad, y apego obsesivo tenga la más mínima oportunidad o capacidad de entender siquiera una minúscula parte de esa aventura.

Podría ser quizás, una esperanza tan frágil como la búsqueda de justicia o la línea que separa el bien y el mal en el día a día de todos los tiempos. Sin duda no será imaginable sin antes haber comprendido la renuncia a niveles muy profundos del ser. Lejos de toda mezquindad, anhelo y ambición, Thoreau viajó no sólo en las llanuras rebosantes de salvaje verdor, emprendió un viaje al centro del alma… entonces, ¿a cuantos seres puedes contar que sean una fracción de aquello? ¿Conoces alguno? Y si lo conoces quizás no te darías cuenta tampoco, porque es un hombre que ya ni siquiera desea ser visto (no por fobia ni despecho sino por falta de interés) por la abominación que pulula, que exuda y excreta sin trascendencia ni atención.

-“…en el río Wachito le sacaron los ojos a un hombre; sin soñar que él mismo vive en la impenetrable oscuridad de la cueva de este mundo, y no tiene más que el rudimento de un solo ojo.”pág. 60.*

¿Qué sería de un hombre como Thoreau en estos tiempos mediocres? Tal vez perseguido, tal vez dado a muerte, y aún así, sin titubear ante la muchedumbre, sin temblar, sin un parpadeo sin rencor siquiera, con una sinceridad simple y eterna diría: “gracias, que visión más hermosa, gracias”.

-“nunca me he sentido solo, ni tampoco deprimido por forma alguna de soledad, salvo una vez… … cuando por una hora dudé de si la próxima vecindad del hombre no sería esencial para una vida serena y saludable.” Pág.82-*

He agradecido tantos pasajes, como inhalaciones y exhalaciones en mi pecho. Ha sido como un viaje en mi mente a un mundo que entiendo y comparto, un mundo en el que encuentro refugio en los momentos más cercanos a mí ser. Como si me hubiesen abierto un portal y en los bosques, junto a mi buen amigo Henry hubiese podido compartir del placer de una simple taza de té rodeado por los sonidos del bosque. Ese amor por la simpleza, la sencillez más que a lo económico que amo de los japoneses... como diría "a quienes considero una raza superior" (refiriéndose a los nativos americanos). ¿Te imaginas poder combinar en una misma cultura la pasión y el deseo de los sudamericanos con el arte de lo cotidiano y la etiqueta de los nipones?

-Vergüenzas y desilusiones son tomadas como las verdades más sólidas, siendo que lo fabuloso es la realidad”­- pág.60*

Cuantas veces he querido tener por trabajo el de "jinete del viento” ó “moldeador de olas perfectas”, “hacer” y no “pensar” en llevar a la acción lo que más quiero, sintiéndome al unísono del universo, en armonía perfecta, ni más ni menos, ese nivel de intimidad, uno que es obligación compartir, para sacar de la locura al estupefacto y absorto por el miedo, para que la luz siempre brille en la oscuridad, para que la felicidad sea al ser compartida, sinergia pura.

*Citas del libro: “Walden. la vida en los bosques” de Henry David Thoreau,

Editorial ©Longseller, 2004.

Invitación al asombro

Y quien dijo que la inteligencia se limitaba sólo al hombre?