miércoles, 22 de octubre de 2008

Comunícate


He estado siguiendo una serie de coincidencias que me han llevado a pensar acerca de la comunicación. Esta es importantísima para nuestro proceso de crecimiento en distintas fases y aspectos dependiendo a qué camino se sienta más familiarizado. Puede ser un amigo, un maestro espiritual, un ser de luz e incluso su fuero interno luminoso. Independiente de ello lo más importante es establecer el vínculo por medio de una decisión conciente y que las enseñanzas que reciba sean reales (y no un producto de su imaginación). Tal vez quiera consultar a su médico si escucha voces “del más allá” jejeje ;)

Muchos de nosotros en ocasiones entramos en contacto con maestros espirituales y puede darse la ocasión que no estemos preparados para ese encuentro o bien ese maestro no es el adecuado para nuestra vibración energética. Si realmente lo queremos, y estamos ávidos de conocimiento o nos seca por dentro una sed espiritual los caminos se van abriendo muy fácilmente. Basta con seguir las coincidencias, dejarse llevar.

Un gran obstáculo con el que podría encontrarse es el miedo. Hay muchos tipos de miedo y cada uno se relaciona con un proceso individual que cada uno de nosotros ha de trabajar en nuestra meditación o ejercitación diaria. Lo importante a saber con respecto al miedo es lo siguiente: -no tenga miedo!- jajajaja ¿Se ha puesto a pensar que quizás la persona que tiene a su lado de su asiento pueda ser tal vez un maestro escondido? O bien, tal vez, ¿usted mismo tiene algo muy importante que comunicar y siente que lo tildarían de loco o peor sencillamente no le vayan a prestar atención alguna? Es a esto que me refiero:

“Todos tenemos algo que comunicar “.


Hay momentos y momentos, eso esta claro, no es necesario desadaptarse para comunicar su propósito. También esta claro que alguien corrompido por su ego no tiene mucho que decir acerca del crecimiento, pero eso ya es otro tema para discutir (comunicar).

Hay un ejercicio que resulta muy útil a la hora de pensar en quién ha de ser nuestro maestro espiritual.

Primero, ha de verse a si mismo como una persona enferma y su maestro como un médico, le comunica la enseñanza, que es el remedio para su enfermedad.

Luego, ha de ver a todos los seres como seres de luz, dispuestos a entregar enseñanzas para curar su enfermedad.

Al final ha de visualizarse usted mismo como ser de luz y como maestro espiritual.

Lo importante del ejercicio es desvincularse de la noción sujeto/objeto, para que al fin comprenda que la verdad reside en su interior pero “más allá de su interior”.

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