domingo, 11 de mayo de 2008

La leyenda de Fadkual el mago de las tres joyas y los guerreros de la luz dorada (extracto)


-jamás llegan a tiempo-, rezongaba Meddhir mientras preparaba la cena. Ya era pasada la hora de la quinta misena y la casa parecía un desastre después de todo el alboroto que armaron esos poltergeist.

La noche era fría y húmeda en el bosque encantado de Këbas, siniestra, como si en la atmósfera se olieran cuerpos mal enterrados. Por esos parajes rondaban muchos asesinos, la vida no era segura en el vecindario de Meddhir. Ella estaba acostumbrada a escuchar alaridos de vez en cuando. Antes, cuando pequeña solía temblar con esos ruidos, los años de esa dura vida, solitaria con su padre leñador y luego aprendiz de maestra muerte con su tía Gherter “La Metamorfa” le fueron curtiendo la cara, y el alma. Ya había exiliado el miedo de su cuerpo, sabía como cuidarse sola, con el filo de un cuchillo o invocando conjuros a los incautos que desconocían su reputación.

–como cambian los tiempos- pensaba para si misma, recordándose a si misma quien era en verdad, dándose esperanza cada vez, ella sabía de la sutileza de las energías y de los cambios, sabía que nada era para siempre y eso la mantenía siendo humana, cálida en su interior, muy en su interior.

Unos galopes y relinches de caballos interrumpieron los pensamientos de Meddhir. –al fin!- gruñiò para si misma. La puerta se abrió de golpe dejando entrar a los tres guerreros, Aramel príncipe de Hertor, Sai Omer de Tronus y el macizo Zhinh Kher de las tierras Orientales. La misión los tenía agotados y sólo podían pensar en pan y vino.

-Tomen caballeros, con un encanto antiguo, les devolverá hasta las ganas de seducir doncellas nuevamente- decía Meddhir al vaciar el caldo en los platos de madera, dejando entrever una mueca pícara, como si le hiciera bromas a los niños. Meddhir era ruda pero también tenía sentido del humor, sabía lo que se sentía matar a un hombre, amarlo y cuidarlo para cambiar su ánimo a su antojo.

-Gracias Maddhir, eres una santa!- reía Sai mientras le seguía el juego –porque no vamos a discutir mi santidad a mi camarote guerrero- carcajadas fueron seguidas por otras durante la comida. Aramel, pensativo no hablaba mucho, pero sonreía.

-necesitamos ir a visitarlo- interrumpio Aramel, -“La Gaba” sigue aumentando y no podremos evitar más a los espíritus no muertos… siguen creciendo y creciendo- Zhin Kher solto una carcajada que hizo temblar toda la choza –Tranquilo joven Aramel, todavía hay tiempo, la Gaba no crece sola, ¿no lo recuerda? Para eso nos envió aquí el Consejo… y no nos vamos a quedar cruzados de brazos, ese astuto de Fadkual ya esta haciendo lo suyo-, -es cierto- alentaba Meddhir –yo misma lo contacté en mis visiones, relájese joven Aramel-, -los espectros lo dejaron tieso a este!- chistaba Sai mientras recibía un codazo de Zhinh que lo dejó maltrecho. Zhinh podía sentir la conexión de vidas pasadas con el joven y lo guiaba como a su hijo.

Aramel era maestro de muchas artes y era joven, “no era como creía” se decía a veces. Combatir espectros no muertos no era cosa de niños y aunque Aramel no les temía en absoluto su empatía por las cosas vivas lo confundía ante las visiones de horror que le presentaba en su mente los espectros, mientras lloraban y hacían colapsar la estructura sutil a su alrededor. Pero su espíritu guerrero era implacable, todos sabían que un día llegaría a ser invencible, no por la pureza de su técnica sino por su tenacidad, no importaba cuantas veces cayera, seguiría levantándose hasta ganar la batalla.

****

A la mañana siguiente el alba repuntaba sobre la colina del bosque encantado, parecía un día de primavera y los caballos ya estaban acostumbrados a estar ensillados de madrugada así que estaban contentos, relinchaban, pero de alegría, como dando la bienvenida al nuevo día.

Zhinh Kher fue el primero en ensillar a su bestia “Agghadd” un colosal trotador de las tierras de Oriente con pezuñas imponentes y brillantes tonos plateados. El caballo no era muy rápido pero era capaz de soportar la figura de Zhinh y se sabía que podía aguantar hasta 3 días de galope continuo con su amo a cuestas, ningún otro animal podía ganarle en trayectos largos, salvo los dragones de esmeralda, pero ellos no contaban dentro del reino animal.

Sentado sobre una roca, Sai afilaba su hermoso sable mágico de simonita, mientras en la habitación Aramel cumplía con sus obligaciones matinales de meditación en 5 esferas energéticas, acorde a la tradición de la gente de Hertor.

Meddhir se regocijaba de esta visión. Le gustaba sentir que era parte de la aventura de esos caballeros, se sentía útil y querida. Salió con todos sus ornamentos sagrados y su báculo de la vida y de la muerte para darles su bendición habitual. Una vez hecho el círculo comenzó su ritual que no duró más que dos lunas de Termia, y así partieron los guerreros, los guerreros de la luz dorada, a buscar su destino.

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Invitación al asombro

Y quien dijo que la inteligencia se limitaba sólo al hombre?