viernes, 4 de enero de 2008

Aikido, el espejo de la vida


Este post es un comentario que coloqué en el Blog de Roberto Moreno acerca de los grados en Aikido.

Es interesante lo que sucede con los grados.

El camino de Aikido puede sorprendernos en tantos aspectos prácticos y este sin duda es uno de ellos. Cualquier teórico podría sentirse tentado a emitir un juicio sobre la estructura “social” del dojo, ¿porqué distinguirse con cinturones? ¿Hay una implicancia vertical en los grados? ¿Porqué el más nuevo se inclina al sempai? ¿Quién “merece” pasar de grado? ¿Es necesario rendir exámen? Esto es lo mágico de Aikido, no puede explicarse en libros ni en ensayos, y aunque lograse ser comprendido en forma teórica la brecha entre saber y entender sigue siendo demasiado extensa.

Para mí pasar de grado encarna dos cosas, un aspecto social (externo) y otro interno. En lo externo lo siento tal como mencionaba el Sensei Elson Olea: -“El hombre es un ser social, y como tal busca reconocimiento y aceptación entre sus pares. Como en una manada, esa parte animal del hombre se siente completa cuando se pasa de grado, es una parte fundamental para su crecimiento”-. La sensación de aceptación hace que nuestro ego obtenga una señal de que “todo esta Ok”. Esto puede ser juzgado o no, da lo mismo, es lo que ocurre con nosotros una vez que lo hacemos, es inevitable, el cerebro primitivo actúa por si sólo en estos casos. Uno no se dice a si mismo –“Yo quiero sentirme bien cuando mis amigos me feliciten”-, uno sólo lo experimenta, es natural, y si tu mente filosófica se adelanta a los hechos y lo juzga diciendo –“Esto sólo sirve para vanagloriarse a si mismo”, pues que pena, porque en verdad lo que haces es bloquear el proceso del universo.

En un aspecto interno ocurre algo maravilloso, como si avanzaras a galope hacia ti mismo, es tan sorprendente que algo así pueda pasar con sólo un examen. Lo rindes y te invade la sensación, como si hubieses librado una batalla con mil demonios y saliste victorioso, sabes exactamente lo que hiciste bien y lo que te queda por corregir y sin quererlo ya cambiaste, eres una versión mejorada de ti mismo, el Honor, tu alma te da las gracias. Lo más bello de todo es que es algo que no se puede comparar, es el proceso de ti mismo.

Creo que estos dos aspectos son inseparables, Aikido nos lleva por un camino cuyas experiencias están enfocadas a hacernos entender que el universo no es exclusivo en sus fenómenos, Aikido es nuestro espejo hasta que nos volvamos un espejo.

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