martes, 26 de junio de 2007

900 Años

En una tierra muy lejana, donde el hombre de entonces todavía adoraba a sus héroes y los metales se forjaban como la herramienta más poderosa en las arcas de guerra. Una era medieval, en que la naturaleza se mezclaba con los conjuros de hechiceros, las leyendas y el estridente sonido de las espadas y escudos en batalla.

Allí, en la lejanía de esos parajes, habitaba un gigante, cuyo egoísmo y ambición eran tan grandes que llegaban a nublar el cielo con copos de nieve, que marchitaban cuanto arbusto hubiese alrededor, y anquilosaba cualquier forma de vida hasta donde se perdiera la vista. Los árboles fueron despojados de sus hojas como si alguien les hubiese robado su aliento.

El titán vivía postrado en un trono de hielo, medía tres veces la torre más alta del reino y su cuerpo estaba cubierto de un pelo sucio y grueso.

La gente del pueblo le llamaba “El Demonio Del Hielo” y nada hacían más que resignarse al yugo de su ambición. Los ancianos contaban historias de esta abominable criatura. Terribles calamidades y torturas espantosas esperaban a quienes osasen siquiera acercarse a esa maligna bestia.

Un día, un hombre de buen corazón se aventuró dentro de las gélidas llanuras del Demonio Gigante. Caminó y caminó, siguiendo un instinto que hasta él desconocía. Sorteando montañas y pantanos, bosques tenebrosos y temibles desiertos helados, sin motivo alguno, este gentil humano avanzaba con una desconocida convicción.

De pronto, a lo lejos, pudo divisar tamaña figura, que escapaba del horizonte hacia el cielo como un edificio, inmóvil, incapaz de volverse a parar de su colosal asiento. A cada paso podía sentir con más intensidad la penetrante pestilencia del demonio, un apenas soportable olor a estiércol, putrefacción y azufre.

Tuvo suerte de no ser notado, aún estando a los mismos pies del temible engendro. Algo le sucedió entonces, algo inesperado quizás. De alguna forma pudo sentir el inmenso dolor en que se hallaba este escarchado personaje, pero no un dolor físico, algo que trascendía las barreras de la comprensión, era el dolor por odiar a tanta gente, por querer tanto para sí mismo por errar tanto en su forma de querer su propia felicidad, una ignorancia que se asentaba en el fondo de su corazón hasta la punta de los deslustrados vellos que cubrían su apocalíptica figura.

Entonces surgió en él una enorme compasión por el Demonio y le pidió a los seres de luz que le otorgasen un deseo. Él se quedaría hasta el fin de sus días velando y rezando por este demonio hasta que pudiese sanarlo por dentro, y así decidió vivir junto a él para siempre. Así que con mucho esfuerzo comenzó a trepar por los vellos del imponente monstruo que más bien parecían troncos de árboles añosos hasta llegar a la altura de su hombro. Allí encontró el sitio que sería la plataforma para su cometido, arrinconado entre el vaho y la pestilencia de la bestia que ya comenzaba a salir de su letargo odioso. -Nunca lo lograrás- resonó la voz del Demonio en todo el valle cuando leyó la mente del bondadoso hombrecillo. Pero el no hizo caso mientras seguía con su rezo de amor sobre el gélido cuerpo de su maleficencia.

Y así mucho tiempo pasó. Tanto tiempo que el cuerpo del hombre bondadoso ya no era más que piel y hueso, todo su cuerpo le dolía por el esfuerzo a estar en un solo lugar. Los calambres que le provocaba el hambre eran tan espantosos que parecía que le desgarrarían el almam pues no tenía para comer más que el mismo cebo que salía del cuerpo de la bestia.

El Leviatán sin siquiera conmoverse por el ahínco con que el hombre llevaba a cabo su palabra continuaba meditando en su odio y extendiendo su poder negativo por las tierras del reino.

Así fue como un día, quizás el más helado que jamás hubo en la tierra del hielo, el hombre bondadoso murió. Y detrás de su último aliento dejó su cuerpo para que fuese uno con el que le cobijo con tanto rencor por tantas horas de agonía.

Nadie del pueblo supo jamás de la hazaña del noble hombre, las guerras continuaban y el desorden y la aflicción seguían siendo el pan de cada día para ricos y humildes.

Un año después del extraño suceso una grieta se abrió en el cielo, una bola envuelta en llamas trazó una estela resplandeciente en la enfriada llanura del coloso, precipitándose a la tierra en un estruendoso aullido que hizo remecer la tierra con furor, cayendo justo a los pies del trono del titán haciéndolo salir de su meditación por primera vez en cientos.

De pronto, y con el asombro del Demonio, entre los escombros y brasas, se asomó la noble figura de un ser. Su cuerpo como el de un sol, emanaba mucha luz y su cabeza era como la de un león. –No!- alegó el perverso mientras lanzaba maleficios para que la tierra lo tragase o que lo aplastase un granizo gigante, pero nada tuvo efecto y el nuevo personaje se encaramó por sus barbas hasta llegar a su hombro, en el mismo lugar del noble de antaño, para instalarse allí y continuar con su oración.

Novecientos años pasaron.

De pronto, algo mágico, el demonio sintió el amor que emitía el resplandeciente, y por primera vez en siglos se incorporó de su trono horrendo, en un acto solemne y pausado, despegando las raíces que ya habían hecho casa en su trono. En un gran suspiro que parecía iba a tragar el mundo, el coloso emanó su último aliento y pereció, deshaciéndose en la tierra que lo vio nacer.

Por un día completo, hubo paz en todo el reino. Todo era el perfecto engranaje de la armonía con el universo.

Los ancianos de esa era seguían contando la historia del hombre noble a sus nietos haciéndose un cuento tan popular generación tras generación que llegaron a pensar que se trataba de un mito. Pero los ancianos siempre enfatizaban diciendo que este hombre era como cualquier hombre y que lo único que lo hacía distinto a los demás era que él escuchaba lo que su corazón le decía, que fue esa voz la que lo llevo a hacer todas esas hazañas y sortearlas sin derramar ni una lágrima. Esa era su misteriosa convicción.
por: Bruno Chiuminatto

martes, 5 de junio de 2007

Sueño a la gota del Infierno del Odio

Durante el día había practicado querer conectarme con una vida pasada. Así que me fui a acostar dejando un puente abierto entre el pasado y el presente. Tal vez así, pensé, podría aprender algo durante la noche. Curiosamente antes de quedarme dormido me llegó una imagen de una ruma de calaveras y huesos.

Recordemos la importancia que tiene en practicas tántricas; la meditación en la impermanencia en la que el yogui se visualiza a si mismo como un cadáver putrefacto y maloliente, para trascender su apego al cuerpo material.

En el sueño era el último humano sobre la faz de una tierra que había sido destruida por un odio que todo lo abarcaba. Era como un veneno que se expandió en los corazones de las personas como un virus, arrasando con todo. El virus (odio) los transformaba en unos demonios horribles, ávidos de carne y de matanza. Su vibración energética odiosa era tan fuerte que podías sentir su vibración destructiva en todas partes. La visión de esa tierra post apocalíptica era devastadora, un paisaje en ruinas en total desolación. Alienígenas humanoides corriendo y gritando, arrastrándose en todos los rincones, escondiéndose, devorando, digno de la peor de las películas de terror.

Al parecer el hecho de ser el último sobreviviente me impulsó a buscar una cura para ese mundo. Además había estado viviendo mucho tiempo en ese infierno por lo que había descubierto secretos sobre el mundo en que me encontraba y los demonios que me acechaban.

Había recibido ayuda de alguien a quien no recuerdo. Me dio un mapa que señalaba la ruta exacta hacia el centro de ese infierno, en donde residía la “gota madre”, el ser que daba vida a la vibración odiosa de todo el mundo infernal.

Había recibido transmisiones especiales así que podía hablar su idioma, volar y había desarrollado una amplia percepción de su vibración que me ayudaba a saber cuando estaban cerca.

El mapa me llevó a un gran cráter en medio del cataclismo. Rápidamente me apresuro a descender por el pozo sin fondo. A medida que descendía la violencia se incrementaba, así como el número de alienígenas, podía ver como se devoraban unos a otros, pero seguí avanzando. De pronto comencé a percibir una luz, pálida y viciada. Podía sentir el odio saliendo de esa cosa y me acerqué más y más.

Todo comienza a brillar… al llegar a la fuente descubrí que no se trataba de “algo” si no que era como una energía que alimentaba ese mundo. A medida que me acercaba a la gota podía sentir un tipo de vibración (indescriptible) a la vez me daba cuenta que la esencia de esa energía era Dios, pura energía divina, la naturaleza búdica. Al entrar en ella mi cuerpo se disolvió y se fundió en esa esencia. Me vi envuelto en un manto de paz y tranquilidad, era el éxtasis.

Luego de eso, desperté.
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Este sueño es de particular importancia ya que revela la esencia del entendimiento de la transformación energética.

Es una creencia popular que las emociones conflictivas se remiten a algo estrictamente negativo, error que ha llevado a las personas a rehuir el abordaje sobre su naturaleza y utilidad mediata. El miedo oculta la verdad.

Es correcto considerar las emociones conflictivas como “venenos” puesto que si no son percibidos de una forma despierta son capaces de nublar nuestra mente haciéndonos caer en gran sufrimiento.

Tales emociones corresponden a una dimensión en si mismas. Uno es capaz de entender esto en el momento en que ya poseído por su energía comprende todo lo que existe desde ese punto de vista. Por ejemplo, en el sueño las personas que habían sido afectadas por el virus del odio se transformaron en alienígenas, llegando a formar parte del paisaje apocalíptico. Si te enojas en distracción, ya es muy tarde, tu conciencia se ha desplazado al nivel vibracional del enojo y percibe toda su realidad desde esa dimensión. Un practicante perspicaz es capaz de identificar esta energía y una vez surgida la emoción conflictiva la transforma para beneficio de los seres sintientes como estime conveniente.

¿Como transformarla?, simplemente haciéndolo. El sueño enseña que la naturaleza esencial de las emociones es luz y como energía que es puede redirigirse hacia un fin constructivo.

Las emociones no son algo negativo, es el “individuo” quien la percibe de una “forma negativa”, asociando su ego con un nocivo “externo”. El odio que existía en ese mundo de sueños no era nada más que luz en otro rango vibracional.

Lo importante es que esa energía no se desperdicie en algo local y no permanezcas en un rango energético bajo. Si estás distraído tu energía se localiza, como un hoyo negro que se traga un universo. En plenitud estás relajado y tu energía fluye. Eres un sol, un cosmos.

¿Que hacer con esa energía?... ¡Usa tu imaginación!
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Una nota curiosa acerca de este sueño, es la similitud con el libro "Soy Leyenda" de Richard Matheson. Por supuesto no fue hasta que publiqué este articulo que uno de mis amigos me contó acerca de el. Fue escalofriante notar la gran similitud entre ambos.

Invitación al asombro

Y quien dijo que la inteligencia se limitaba sólo al hombre?